
Un día una mariposa muy hermosa, preciosa, bonita, pero creída, decía que tenía unas alas azules hermosas y majestuosas, pestañas largas casi postizas, ojos grandes verdes relucientes y destellantes.
Ella estaba diciendo eso, paradita encima de una delicada flor.
Cuando, de pronto, la mariposa vio a un feo caracol arrastrándose.

-Oye, caracol, ¡salte de mi hermosa vista! -decía presumida la mariposa
–¿Por qué yo? Tengo derecho como los demás a estar aquí.
–Si, pero me enfermas, ¡ay! que digo, enfermas a la belleza, además eres tan feo que nadie, absoluta mente nadie, quiere estar contigo, ¿sabes porque?
–No. –Dijo el caracol
–Es porque eres muy feo.
–Por qué me dices esas cosas, si tú eras como yo antes ¿te acuerdas? Te parecías a un horrible gusano, casi tan feo como yo.
Y la mariposa le pidió disculpas al caracol.

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